Hay que arrimarse, como los toreros: Felipe Calderón

La Entrevista Incómoda, El Financiero: Domingo 29 de noviembre 1998

Felipe de Jesús Calderón Hinojosa está parado en las escaleras que dan a su oficina en el CEN del PAN. Justo debajo de un enorme retrato de Manuel Gómez Morín.
Sonríe. Y junto a él, un grupo de mujeres lo miran encantadas.
Bueno… en realidad miran a lo que tiene en los bazos y acaricia con una ternura poco común de ver en un hombre: su nuevo perro, un labrador negro que acaba de llegar de Córdoba, Veracruz y al que quiere llamar, hasta él acepta que con poca imaginación, El Negro.
El presidente nacional del PAN, que llegó a su cargo a los 34 años, es un hombre con muchas facetas. La ternura es algo que externa sólo con sus más allegados. Tiene fama de ser un hombre inteligente, irónico y a veces —dicen— hasta alburero. Ahora enfrenta tiempos difíciles ante las críticas de sus mismos correligionarios en un año en el que el PAN ha retrocediendo en sus mismas expectativas.

Lo cierto es que con frecuencia sus ojos, tras sus lentes de armazón delgadísimo, lanzan pequeñas chispas…
I

Se podría decir que Calderón nació panista. Su padre, Luis, no sólo fue uno de los fundadores de ese partido, sino su historiador. En los recuerdos infantiles —junto con su bicicleta rodada 24 y la nostalgia de la ropa tendida que su mamá lavaba todos los lunes— está inscrito el doblar propaganda en la sobremesa. Sus hermanas, mientras, hacían engrudo en la cocina. Toda la familia pegaba carteles por las noches. Vivían, dice, con precariedad.

Nació en Morelia, la capital de Michoacán, estado por el que habría de contender a la gubernatura y perder 33 años más tarde.

El menor de cinco hermanos creció en una familia donde la disciplina era fundamental.

“Había que aprender a tender la cama desde chico, a hacerse de cenar, a llegar a tiempo toda la vida, a no decir malas palabras ni hacer absolutamente nada malo.”
Iban a misa, claro. Y fue acólito.

Pero no por ser el menor gozó de algún privilegio especial. “De hecho el hermano más querido era Juan Luis, un año mayor que yo. No era el consentido, pero sí un niño muy bueno, responsable, suave, serio.”
— ¿Y usted no lo era?
— No, más bien yo era hostil, gruñón.
“Modestia aparte”, sacaba puros dieces. Eso sí, dice con orgullo, nunca fue “machetero”.
— Empezó a destacar en oratoria desde chico, ¿no?
— No. ¿Quién te dijo?
— Alguien por ahí. ¿No fue así?

— Regálame un cigarro, ¿traes? —le dice a su encargado de comunicación, Juan Ignacio Zavala—, se está poniendo bueno esto… admiraba y quise mucho a mi XXXX quien era un gran orador…”
La remembranza está inscrita claramente en un recuerdo: “Mi padre tenía una máquina Smith corona vieja, como de la prehistoria, donde escribía en la biblioteca oscura, silenciosa… me sentaba cerca de él. Lo oía, lo veía”

Dio su primer discurso a los 15 años, en un mitin del PAN. La experiencia de hablar en público es lo más cercano que conoce, asegura, a la sensación de arrojarse a un precipicio.

II
La decisión de dedicarse a la política surgió en la preparatoria. Junto con algunos compañeros fundó un grupo llamado Promoción Humana Integral.

“Era un ambiente muy interesante. Las culpas sociales se lavaban en grupos juveniles de pastoral, de compromiso, etcétera. Los jueves hacíamos dinámicas fuertes de reflexión, de oración. Los sábados alfabetizamos adultos, empedrábamos calles, ayudábamos a la cosecha del frijol o pintábamos capillas y casas. Hasta que un día te das cuenta de que, por muchas calles que puedas empedrar con tus manos nunca vas a acabar con la falta de infraestructura; que por muchas señoras y señores que les enseñes a leer no acabas con un plan de educación; que por muchas fosas sépticas que caves hasta ampollarte no acabas con el problema de salud. Que finalmente todos los problemas se generan o se resuelven en la política, donde están los dineros públicos y las decisiones”

Tenía 16 años y se inscribió en el PAN. Tiempo de determinaciones. Por esas fechas también optó por seguir estudiando en el Colegio Valladolid, con los maristas.
“La decisión no era trivial. Los estudios maristas no eran reconocidos por la Universidad de Michoacán, ergo habría que optar por salir de la casa al terminar la preparatoria.”
Pasaron los años y llegó a la UNAM, con su diez cerrado de promedio. Quería estudiar derecho.

“Le iba a los Pumas. Me imaginaba las discusiones universitarias… ¡El Ágora universitario! La verdad es que, llegando a la ventanilla, me rechazaron. Derecho era una carrera saturada y en Michoacán había Facultad de Derecho.
— ¿Ese momento fue frustrante?

— Más que frustrante, fue realmente encabronante. Seguramente mi lugar lo ocupó algún porro que no sé si a estas alturas, 18 años después, siga sin terminar derecho…”

Su padre, entonces diputado federal después de siete intentos, quería que entrara a la Libre de Derecho. Pero él se negaba. Lo consideraba un “invernadero”:

“De niños protegidos, en una atmósfera viable.”

Pero un día, saliendo del metro Balderas, su padre casualmente lo llevó a la escuela. Y se quedó.

“Nací cuando mi papá tenía 51 años. Era casi mi abuelo, pero platicaba mucho con él. De todo. Desde problemas de la vida, Dios, el liberalismo y el comunismo…”
— ¿Y de sexo?

— De todo, de alcohol, también. Mi papá es la figura más importante en mi vida: un hombre congruente, no el espécimen mediocre que abunda en nuestro país. Con un gran sentido del humor.
Murió hace 10 años
III

“Era adicto a los amores utópicos: optaba por los poemas.”
— ¿Por qué era inseguro, penoso?
— No. Estaba concentrado en los estudios y en mi casa no había una gran cultura en el noviazgo por decirlo de alguna manera…
— Su primera novia
— La única: Margarita Zavala
— ¿Casó con su primer novia?
— Con mi primera novia formal
— Pero la primera…
— Tuve muchas amigas, pero mi primera novia formal es mi esposa
— ¿Qué encontró en ella que le hizo desear que fuera su novia?

— Margarita es una mujer muy inteligente, congruente, dulce y que compartía mi escenario de vida. De hecho, me costó un poquito de trabajo, la conocí en el juvenil del PAN cuando ella tendría 15 o 16 y yo 20 o 21 años… Tardé como dos años en que me hiciera caso. También tiene su historia eso.
— Cuénteme
— No… es una larga historia.
— Un resumen
— Era muy chica
— ¿Tardó en que ella le hiciera caso a usted o en que usted se decidiera acercarse?
— Me acerqué toda la vida.

Como los buenos toreros: arrimándonos a la suerte. Pero tardó.

“Cuando me le declaré le hice una serie de poemas y cuentos que son una antología personal… Primero no me hizo caso, tuvo un novio y dos años después volví a salir con ella.

“Empezó a ir conmigo a Morelia, mi hermana era candidata a presidente municipal. Un día fuimos a una colonia popular. Era una tarde michoacana después del tiempo de lluvias: como a las seis de la tarde, había un sol dorado enorme en el horizonte y acabamos una jornada extenuante, ante un enemigo poderoso como es el PRI… Le dije: Si tú quieres yo te regalo un sol con pueblo. Es todo lo que tengo que darte.”
Como a los 15 días ella me dijo que quería ser mi novia. Así fue.
— ¿Todavía le escribe poemas?
— Hubo un momento en que lo suspendí. En la prepa, ella tuvo la ocurrencia de compartirlos con sus compañeritas… Entonces dije no, ahí muere. Me doy.
— ¿Y ya quedó curado de espanto?
— No, pero eso se lo dejo a los literatos. Escribo de vez en cuando, pero no públicamente. La política es absorbente. No deja mucho terreno para la poesía.

IV
— ¿Qué le recuerdan los 12 de noviembre?

— Una elección: la de gobernador de Michoacán. Fue una odisea irrepetible. Creo que la mejor experiencia de mi vida.
Hubo mucha gente, con mucha esperanza, audacia, pasión. Creo que hubiera podido dar la vida ahí mismo.
— ¿Tanto así?
— Sí. Quién sabe ahora… pero marcó mi historia personal.

— Pero al día siguiente, cuando la campaña se acabó, cuando los resultados no lo favorecieron, ¿qué sintió?

— Tenía la opción de declararme en resistencia civil o decir: “señores, no tenemos elementos para afirmar que ganamos porque hubo mucha gente que no se decidió”. Preferí optar por eso.
— Sí, pero ¿qué sintió?
— Satisfacción, primero. También un deseo de reivindicar todo lo que había comenzado. Tristeza.
— ¿Y qué haces cuando estás triste?
— Generalmente voy con mis amigos
— ¿Y cuántos amigos tiene? Amigos amigos

— No sé. Estoy convencido de que la política es un afecto colectivo. Aunque si uno busca a los amigos que no están involucrados en la cuestión política, son menos, contados. Pero en cada compañero aprendo a ver a un amigo. Así soy amigo de miles. No puedo distinguir realmente entre camaradería y amistad.

V
— De los siete pecados capitales ¿cuál comete con mayor frecuencia?

— La gula. Pero bien dice Carlos Castillo que los siete pecados capitales se compensan unos a otros y provocan una neutralidad ética. La gula se compensa con la avaricia. El que no quiere gastar, no comete gula.
— ¿Y la soberbia?

— Creo que ése es el que más comento. Es un talón de Aquiles importante. Se compensa con algún otro, pero no me lo sé muy bien. La lujuria se compensa con pereza… pero la soberbia… finalmente es el pecado de la humanidad, y además, el pecado de la política.
— Bebe tequila, ¿no?
— Sí
— ¿Cuántos como máximo? ¿Cuál es su límite?
— Yo pondría mínimo, no máximo
— ¿Fox no es su candidato?
— Fox es el candidato de mucha gente
— ¿Y el suyo?
— El presidente del PAN no debe tener un candidato

VI
A Calderón le cambia el semblante al mencionar a sus hijos: María, que cumplirá dos años en enero y Luis Felipe, con escasas semanas en el mundo.

“María, tiene mucha gripa ahorita, pobrecita. La quiero mucho. Desafortunadamente no tiene oportunidad de verme. Una de las grandes interrogantes de lo que hago. Cuando María ve un avión dice “El avión” y “Adiós, papá”…
“La abrazo, la apapacho, la beso. Es un poco renuente, me parece que tiene la impresión de tener “un papá demasiado meloso.”
— No me lo imagino meloso. Se ve tan reservado.
— Públicamente he ido aprendiendo a poner barreras y barreras
— ¿Por qué?
— Es un aprendizaje en el medio en el que se mueve uno, ¿no?
— ¿Lo han lastimado?

— Sí, mucho. Bueno… son cicatrices de la batalla sin las cuales uno no puede entender que está en guerra, ¿no? Sería muy aburrido.
— ¿Qué siente cuando le cuentan que María ve un avión y dice “Adiós papá”?
— Hay que ver el lado positivo. Es bonito que la hija de uno, antes de cumplir dos años, se acuerde del papá…
— Pero que lo relacione con algo que se va
— Pero también me ve en los periódicos y sabe que es su papá el que está ahí.

VII
“Cuando tengo un día libre, lo agradezco mucho. Un domingo de ésos, saqué mi asador al jardín, que es chiquito, y las carnes, cervezas. A gusto. Empezamos a hacer el recuento de cuántos domingos habíamos pasado en la casa en seis años que vivimos ahí: cinco.

“Es un sacrificio bastante fuerte, ¿no? Veo a mis compañeros de la escuela, cómo están haciendo dinero en sus despachos, cómo tienen a su familia, con toda tranquilidad… Y… realmente la presidencia del PAN sí implica un sacrificio extraordinario y desgastante.
— ¿Se arrepiente?
— No.
— ¿Es usted un niño que gobierna el PAN, como le han dicho?
— Me halaga que me digan eso.
— ¿De verdad?
— Se puede ver de muchas maneras. Una de ellas es un halago.
— ¿Y es la única manera en que lo ve?

— No. Lo veo también como un signo de desconfianza, de agravios ocultos. Buscan lastimarme de alguna manera, no hallan cómo. No hallan cómo decirme corrupto o estúpido o inmoral o lo que sea. Que soy un niño. El agravio se expresa por una vía totalmente inocua, ¿no? Creo que tiene que ver con relaciones de poder. El poder interno en el PAN.

“Cuando las cosas se hacen por convicción uno no necesariamente escoge lo que hace. En el PAN definitivamente me ha tocado hacer lo que las circunstancias me han impuesto que haga ¿no? En otras palabras: no hubiera sido candidato a gobernador de Michoacán si las circunstancias no lo hubieran impuesto…
— ¿No llegó usted a la oficina de Carlos Castillo Peraza y le dijo “yo”?
— (Lo niega con la cabeza)
— Eso lo dijo él
— Yo sé que todavía hay gente que le cree a Carlos Castillo… pero… así no fue…
— ¿Usted ya no le cree?
— ¿Yo? Sí… también… pero las circunstancias también así se dieron y la presidencia del partido igual… o peor… y lo que venga también va a ser así…
— ¿Usted sigue teniendo deseos de ser presidente?
— ¿De la República? Sí.
— Pero eso también sería impulsado por las circunstancias…
— Sí.
— ¿Entonces usted no toma decisiones en su vida?

— Sí, sí tomo. No hay contradicción en eso, todo acto humano tiene un factor volitivo personal que es irrenunciable, ¿no? No me lavo las manos de lo que hago. Asumo la responsabilidad de todo: cargo con mis satisfacciones, que son múltiples, abrumadoras, irrenunciables… y cargo con mis culpas, que también son muy fuertes.
— ¿Más que las satisfacciones?

— Si fuesen más que las satisfacciones no cargaría con ellas.
Lo que es cierto es que, en decisiones clave, no han sido decisiones predeterminadas en un plan de vida personal ni la candidatura de Michoacán ni la presidencia del PAN. La presidencia de la República tampoco está en un plan de vida.
— ¿Qué está dentro de su plan de vida?

— El tener mi título de la maestría en economía que dejé trunco por la presidencia del PAN. Jugar con mis hijos. Tener una casa más grande. Paz espiritual, un poco de lo que dice Borges: antes de los ochentaitantos salir más liviano, sin cargar paraguas ni paracaídas.
“Pero también está dentro de mi plan de vida no decirle ‘no’ a la vida, no hacerse a un lado ni eludir responsabilidades. No cabalgar a grupa en la enorme mediocridad de este país.
— ¿Culpa son Puebla, Morelia, Sinaloa? ¿Fue su culpa?
— Tengo una parte de responsabilidad que no eludo. Pero no lo cargo en mis culpas.
— ¿Cuáles son las culpas, entonces?

— Las culpas personales son más grandes: herir a un compañero, una mala palabra, no comprender a alguien.

“Cargo con mi responsabilidad. Un dirigente partidista no puede eludir una derrota. Sí, perdí. Punto. Soy buen apostador. Pago cuando debo y cobro cuando tengo derecho.

“Lo que sí es cierto es que el día que a mí me dejen decir quiénes son los candidatos, cómo se hace la campaña y me dejen manejar el dinero –porque 80 por ciento de lo que recibe el PAN se va a los estados—… me pueden reclamar lo que quieran.

“El PAN en 1995 pasó un momento extraordinario. Había sido la segunda mejor opción en muchos mexicanos en el 94. Al caer estrepitosamente la imagen del PRI y de Zedillo, la imagen real fue del PAN y muchos confiaron en ella.
“Tres años después, hay una economía de crecimiento, un partido que compite, que enfrenta el gasto del gobierno… y también una dirigencia que no se ha sabido enfrentar, tal vez todo eso. Lo asumo.”
— Si no lo dejan, ¿entonces es usted un presidente acotado?

— Todo el mundo tiene restricción. Soy presidente en un escenario distinto al que todo mundo hubiera imaginado como ideal. He tenido muchos errores. En términos de equipo, de estrategias, de decisiones, pero también es cierto que llegamos a una fiesta enorme de esas dignas de Hermsn Hesse, en El lobo estepario… con la diferencia de que, cuando llegamos, ya se habían ido los mariachis, la música, se había acabado el alcohol y en muchos casos nos tocó dedicarnos a limpiar los trastes y sacar borrachos…