Estos son mis amigos… ¡y son increíbles!

Esta semana una amiga que trabaja en CONFE, Gabriela Martínez, me hizo un regalo que me encantó. Es un libro infantil que se llama “Estos son mis amigos…. ¡y son increíbles!” que editó una escuela en Guadalajara llamada Centro Psicoeducativo Freire A.C.

 

Como mamá de Alan siempre estoy en búsqueda de libros infantiles –sencillos pero profundos—que contribuyan a crear en la primera edad la aceptación de la cultura de la discapacidad. De hecho, les cuento, aquí entre nos que los compro y hago mi propia “campaña” y se los regalo a las mamás de todo niño que nace en mi círculo cercano. Pero éste, del que les quiero hablar hoy es el mejor que he leído…

 

Copiarlo sería atentar contra los derechos de autor de Fabiola Saborío, su autora, y la misma “casa editorial” que no es más que la misma escuela Freire que tiene una muy linda historia, como suele ser con muchas de las organizaciones que trabajan con personas con discapacidad y que hizo este tiraje –espero que inicial—de sólo mil ejemplares con mucho esfuerzo.

 

Pero les cuento a grandes rasgos que está contado por un niño, Pedro, quien tiene amigos y conocidos con diferentes discapacidades. Lo notable es el tono: no tiene un gramo de conmiseración, sino por el contrario: en un tono que tampoco es de que son “súper héroes” o “personas especiales y por eso hay que quererlas, porque yo soy bueno”,  de admiración hacia sus capacidades, en lugar de centrarse en sus discapacidades o retos.

 

Por ejemplo, Lucy mira con las manos, reconoce las flores con tocarlas y lee libros con puntitos resaltados. Y es capaz de reconocer a las personas por el sonido que hacen al caminar.

 

Rodo, quien tiene los pelos parados y le encantan los dulces de tamarindo quiere ser doctor como su papá, pero quién sabe si pueda serlo porque es usuario en silla de ruedas y no puede entrar a todos lados, lo que hace que Pedro se dé cuenta de todos los lugares donde su amigo no puede ir.

 

Martina, de ojos enormes y bellas trenzas de princesa, ama a las ranas y lo mejor de todo es que baila aunque no puede escuchar la música porque la siente… y te ve a la boca porque lee los labios.

 

José es el vecino de Pedro. Lo va a visitar ya todos los jueves aunque el inicio de su amistad no fue sencillo porque como él tiene autismo, aparentemente no le hacía mucho caso. Hasta un día se enojó mucho porque pisó una figura de plastilina que él hace. Pero se ha vuelto tan importante que Pedro todos los jueves le dice a su mamá: “Desayunar, escuela, comida, Pedro”. Y eso hace a Pedro sentirse increíble. Juntos hacen muñecos de plastilina.

 

Ernesto está en el salón de su hermana Nora, quien es muy paciente con él y le explica varias veces las cosas porque como tiene discapacidad intelectual “no puede comprender tanto ni al mismo tiempo que sus compañeros”. Ernesto se volvió lo máximo cuando enfrentó  a Godofredo, el , digamos, bully, de la escuela, quien agredió a su amiga Nora.

 

Sin leerlo, como lo cuenta mucho mejor  en apenas 24 páginas Fabiola Saborío y lo ilustran bellamente Roxana Rodríguez y Jorge Larios, ¿no les dan ganas de leerlo y regalarlo a todos los niños que conocen? Bueno a mí sí.

 

Con el libro en la mano hablé al centro que lo edita con su directora, Marcela Páramo Ortega. Ella, pedagoga, inició del Centro Freire en 1985 como una escuela de educación especial privada. Oficialmente son un CAM, Centro de Atención Múltiple, pero posteriormente, en 2007 se convirtieron en  una AC.

 

Lo hizo a la fuerza cuando su contador le dijo que estaba quebrada y tenía que cerrar y ella se negó. Inició, entonces, además de la escuela en la que tiene desde kínder hasta preparatoria; niños, adolescentes y adultos, un programa que en corto se llama “Escuela Amiga” de sensibilización hacia la comunidad (sobre todo escolar) en general sobre las personas con discapacidad.

 

Este libro, su primera publicación, hecha por encargo, pudo ser gracias a un donativo que recibió por ser finalista de Iniciativa México 2011. La idea, me dice Marcela y suena genial es que estos personajes: Pedro, Lucy, Rodo, Martina, José y Ernesto puedan hacer una serie para distintas edades mientras crecen. “Como Harry Potter”, dice, ambiciosa y yo pienso, ¿por qué no?

 

Por lo pronto, me cuenta ahora Marcela, tras conocer a los personajes y llevarlos en unas figuras        como de un metro a las pláticas –donde cuentan el cuento con niños en escuelas regulares—es incrementar el proyecto de “convertirse un referente”

 

 

Luego les cuento de la escuela. Por lo pronto hay un producto genial. ¿qué hacemos?

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