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AMLO, ¿el transparente? La autocrítica de Javier Duarte

Para Alan, quien hoy cumple su primera década. Gracias por cambiarme la vida.

 

Después de leer la –aún no aprobaba por el IMCO— declaración #3de3 de Andrés Manuel López Obrador que ya presentó, llego a una conclusión : hay que reconocer el papel que tiene, en esa familia, su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller.

Resulta que AMLO no tiene casi nada. Ni casa, ni departamento a su nombre. Todo es de su esposa (una casa, un departamento y dos terrenos en Puebla  ). No tiene ni una tarjeta de crédito. Ella sí tiene obligaciones financieras con Banorte (un crédito hipotecario), BBVA Bancomer (autofinanciamiento), Banamex (tarjeta de crédito) y también una tarjeta de crédito de American Express. Vaya peso familiar. Pero si así lo han decidido ellos….

Ejemplo de buen manejo de finanzas personales (podría tener un ingreso adicional dando cursos de ello), Gutiérrez Müller, además paga todo esto con sus ingresos por 570 mil pesos anuales, de trabajo como investigadora. Una cantidad menor a la que recibe su esposo, por cierto, que estipuló en 600 mil pesos.

¿Y las conferencias que dice que cobra? ¿los 20 mil mil dólares que recibiría por la conferencia que dio en Acapulco?

Ah, pues el año que entra porque aún no los recibe.

¿Qué pasó con “La Chingada”, en Palenque, el predio que aceptó que había heredado de sus padres y del que incluso iba a declarar hasta “los árboles”? Bueno, esa ya se la dio a su hijo menor, Jesús Ernesto.

Dice vivir en la delegación Iztacalco, lejos de Copilco (Ricardo Anaya reportó dirección en Querétaro y Alejandra Barrales en la delegación Benito Juárez).

No es propietario de ninguna empresa ni socio de alguna. Menos su familia cercana. ¿Algún interés que manifestar? No, nada. Ni tampoco posiciones o cargos honorarios, ni participa en consejos ni realiza actividades filantrópicas.

Nadie le ha financiado viajes (¿ni el reciente a ver el Juego de la Estrellas de las Grandes Ligas, en San Diego, que dijo que pagó Jaime Bonilla, líder de MORENA en Baja California?), ni ha recibido patrocinios, cortesías ni donativos. Mmm, ¿y las regalías de su libro “El poder del trópico”, de editorial Planeta que presentó en mayo de 2015? ¿No había dicho que también tenía ingresos por su trabajo como escritor?
AMLO parece que vive de algo así como la versión moderna de la multiplicación de los panes. Digo, para poner una referencia bíblica, como las que le gustan.

No es el único político limpio. Es ese mismo mood está Javier Duarte, todavía gobernador de Veracruz por varios largos meses (la deja a finales de noviembre). Él, en un ejercicio de autocrítica (o locura), asegura que que ha “hecho un gran trabajo” al frente de esa gubernatura. Claro, muestra de ello fueron los resultados del pasado 5 de junio, cuando el PRI perdió ese estado y lo ganó la oposición con Miguel Ángel Yunes (a quien llama “hampón, gángster, mentiroso, delincuente”):

–No soy responsable del resultado electoral porque mi función como gobernador no es ganar elecciones, pero sí políticamente tengo que asumir parte de responsabilidad que me corresponde como gobernador priísta.

Que tiene las manos limpias y no irá a la cárcel, debido a las acusaciones en su contra por presuntos actos de corrupción.

Se defiende y dice no tener propiedades en el extranjero, prestanombres y tampoco hace lavado de dinero. Duarte también aclara que no tiene presas ni ranchos (¿lo leyó Guillermo Padrés?)

–Tengo lo que he venido trabajando y ganado con mi salario.

Para todos los que creen que hay una mala relación entre el Presidente Peña Nieto y Duarte, el mandatario estatal califica ésta como “extraordinaria”.

Qué bueno que Duarte dice que tiene una extraordinaria relación con Peña Nieto. Tanto que ayer el Presidente acudió a Veracruz a la ceremonia de Graduación de la Generación 2011-2016 de la Heroica Escuela Naval Militar, el gobernador no acudió a recibirlo al aeropuerto y lo sentaron a 3 lugares de distancia. En años anteriores ocupaba el segundo sitio, apenas después del secretario de Marina, e incluso podían hablar codo a codo.

“Extraordinaria” quiere decir, literal, no-ordinaria. Quizá se refería a eso.

Hoy, bajo el lema “La juventud que lidera la sostenibilidad”, la ONU conmemora el Día Internacional de la Juventud. ¿Hay algo qué celebrar con los jóvenes del país? Creo que hay muchos pendientes, comenzando porque no tienen una ley específica que los atienda, una petición reiterada desde 2013, la cual está en la congeladora de San Lázaro.

Es algo inexplicable, me parece. ¡Hasta por razones políticas! Los jóvenes de 19 a 29 años representan casi una tercera parte del electorado actualmente.

Al corte del pasado 5 de agosto, el INE reportó que hay un millón 311 mil chavos de 18 años, el 1.61 por ciento de la lista nominal. Mientras que un millón 933 mil 828 tienen 19 años, lo que representa el 2.37 por ciento de la lista.

En el rango de 20 a 24 años hay 11 millones 38 mil 228, un 13.52 por ciento de la lista nominal electoral; mientras que entre 25 y 29 años hay 10 millones 45 mil 887, siendo el 12.3 por ciento. Es decir, un total de 29.8 por ciento.

Pero aquí un panorama de pendientes: El INEGI reportó que en el 2015 vivían en el país 30 millones 600 mil jóvenes entre 15 y 29 años, quienes representan el 25.7 por ciento de la población nacional.

En febrero de 2015, la Organización Internacional del Trabajo consideraba que la cifra de jóvenes en México en condición de vulnerabilidad por no contar con un trabajo idóneo y de esa manera planear un futuro era de… 12 millones 200 mil chavos.

Apenas en julio pasado, el secretario de Salud, José Narro detallaba que en el país había 7 millones de ninis (jóvenes que ni estudian ni trabajan), propensos a tener problemas con la drogadicción.

En su informe “El panorama de la Educación”, presentado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, en noviembre pasado, consideraba que en nuestro país el 25 por ciento de la población entre 15 y 29 años con estas condiciones. (Están incluídos los jóvenes de 15 que aún no es legal que trabajen, pero bueno).

Uno de los problemas más sentidos es el acceso a educación media superior. De acuerdo con cifras de la SEP, la cobertura de este rubro para el ciclo escolar 2014-2015, era de un 72.8 para la población en el rango de 15 y 17 años. Según sus cifras, fueron 4 millones 813 mil 165 personas inscritas en el sistema escolarizado, mientras que en el nivel superior se contabilizaron 3 millones 515mil 404 alumnos en el mismo ciclo. En capacitación para el trabajo fueron un millón 751 mil 936 personas.

En el pasado proceso de ingreso a la educación media superior, la Comisión Metropolitana de Instituciones Públicas de Educación Media Superior, Comipems, participaron 331 mil 405 jóvenes (en el 2015 la cifra fue de 317 mil 193). De ellos, 182 mil 520 buscaron estudiar su bachillerato en la UNAM: sólo lo lograron 35 mil 958.

Por otro lado, también en este año, 195 mil 918 jóvenes realizaron alguno de los dos exámenes para ingresar a alguna licenciatura en la UNAM (aplicados en febrero y junio de este año). Los nuevos alumnos fueron 16 mil 958, sólo el 8.6 por ciento. ¿Qué significa esto? Que el resto, un 91.34 por ciento, 178 mil 960 aspirantes, tendrán que buscar otra oportunidad.

En materia de salud, uno de los problemas que más alertan son los embarazos adolescentes.

La secretaría de salud informó que tan sólo en 2014 se registraron 374 mil 75 nacimientos, y la edad de las madres era entre los 10 y 19 años. La OCDE informó que en el país 64 de cada 10 mil embarazos los registran madres adolescentes.

La organización Save the Children detalló en su informe “Las y los adolescentes” que en México 22 millones de jóvenes son excluidos del ámbito social y económico. El 50 por ciento de los jóvenes en el país viven en pobreza, y el 11 por ciento en pobreza extrema. En su mismo documento detalla que del total de personas asesinadas en el país, el 8 por ciento corresponde a jóvenes; 30 por ciento de las personas desaparecidas en el país son niños y adolescentes.